REFLEXIONES


EL CRISTIANO, EN EL MUNDO

    La misión que el señor no ha encomendado es la de difundir un sentido cristiano a la sociedad, porque sólo entonces, las estructuras, las instituciones, las leyes, el descanso, tendrán un espíritu cristiano y estarán verdaderamente al servicio del hombre. <Los discípulos de Cristo hemos de ser sembradores de fraternidad en todo momento y en todas las circunstancias de la vida. Cuando un hombre o una mujer viven intensamente el espíritu cristiano, todas sus actividades y relaciones reflejan y comunican la caridad de Dios y los bienes del Reino. Es preciso que los cristianos sepamos poner en nuestras relaciones cotidianas de familia, amistad, vecindad, trabajo y esparcimiento, el sello del amor cristiano, que es sencillez, veracidad, fidelidad, mansedumbre, generosidad, solidaridad y alegría. >
(Conferencia episcopal Española, Inst. pastoral Los católicos en la vida pública, 22-IV-1986)

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